Mi suelta
Por Ignacio Suarez

Lunes 14 de agosto de 2002, Begoña me cierra la cabina trasera y me hace una señal con el pulgar hacia arriba de su mano derecha mientras sale de pista. Compruebo por tercera vez el chequeo de cabina, altímetro a cero, radio conectada, cierres de cabina bloqueados, mandos sueltos, por fin y después de muchos vuelos estoy solo dentro de un ASK 21 a punto de hacer mi primer vuelo solo.

Levanto el pulgar de la mano derecha y noto como el avión se endereza. Miro al frente y veo delante de mí la remolcadora pilotada por Borja, la cuerda por el suelo, igual que las muchas veces anteriores, pero no es del todo igual.

Vuelvo a chequear la cabina y a levantarle el dedo al pobre voluntario que me sujeta el plano, que me miro con cara de "eso ya me lo has dicho antes".

Cojo aire y pulso el micro "Ignacio Suárez, primera suelta, TENSANDO". Mi mano izquierda va sola a la bola amarilla, pero antes de que llegue la recrimino y se queda en las proximidades del freno. Mi corazón empieza a latir con fuerza, vuelvo a coger aire y empiezo a repetirme  "planos nivelados y la palanca quieta tras el despegue"

Veo como la remolcadora empieza a moverse y el cable cobra vida sobre la pista, perdiendo sus curvas para ponerse totalmente recta. En ese momento me surge la pregunta que no consigo contestar ¿Qué demonios hago yo aquí dentro?

La culpa, inicialmente, la tiene esa ansia infantil que tenemos algunos de volar, volar con mayúsculas, y para hacerlo aun más difícil, sin motor. Las horas de tarde de los domingos delante del flight simulator también ayudan, pero, realmente, los principales responsables de mi situación la tienen los instructores del aeródromo de Ocaña, que son los que acaban inoculándonos en vena ese vicio que se llama vuelo a vela.

Tuve la suerte, hace ya varios meses de encontrar en Internet la pagina de Senasa donde explicaba las posibilidades que ofrecía para iniciarse en el vuelo sin motor las instalaciones de Ocaña, así que un domingo por la tarde me acerque para ver que se cocía por esos lares. Dio la casualidad que había campeonato en no se donde y no quedaba ni el gato, bueno no es del todo cierto, coincidí con un piloto que se frotaba la mano y que mas tarde supe que era el remolcador que me sacaría en m primer vuelo. Ante una mínima insinuación por mi parte me explico con todo tipo de detalle todo lo que se hacia en las instalaciones y me hizo finalmente volver "otro" día a por una "divulgación".

Cuando, al día siguiente, me encuentro el la oficina pagando la divulgación aparece Iñaki con esa serenidad que le caracteriza y ese móvil monstruoso de color amarillo que es la radio y antes de darme cuenta estamos camino de las pistas mientras me va explicado de que va esto del vuelo a vela, nunca supe si me explicaba o me abducía hacia el deporte.

Primera toma de contacto con el ASK 21, explicación de lo básico, dudas algo razonables sobre la utilización de un paracaídas y una respuesta de cajón, "aquí tienes mas oportunidades que en un comercial".

Al rato, en el aire, volando con un silencio inusual, con una perspectiva fabulosa, y una sensación de volar con mayúsculas. "Coge tú los mandos y vuela un poco", es lo único que me faltaba para engancharme.

Tras aterrizar, unas ultimas palabras con Iñaki, y la frase definitiva y demoledora de Pedro "¿cuantas veces piensas vivir?".

Al día siguiente estaba inscrito en el curso.

La remolcadora finalmente acabó con toda la cuerda que había en la pista, y me sorprendo a mi mismo diciendo por la radio "REMOLCANDO". Mi corazón sigue empeñado en salirse de mi pecho, pero cuando el avión se empieza a mover automáticamente se pone en marcha la rutina que durante estos últimos meses los instructores, y especialmente mi instructora Begoña, me han imbuido en el córtex cerebral.

Consigo llevar, con juego de pies, el avión lo mas centrado posible a la línea del centro de la pista me parece oír a Pedro detrás de mí diciéndome "planos nivelados" y recuerdo el día que me empeñaba en sacar chispas del plano marginal. A la velocidad de despegue era Begoña la que me decía "palanca con suavidad arriba y MANTENLO". Por fin estoy en el aire, viendo la remolcadora aun en el suelo, me consigo mantener mas o menos centrado y Borja, como siempre hace, levanta la remolcadora con suavidad.

La primera parte ya esta superada.

Me tranquilizo bastante, y mi mano izquierda ya esta relajadamente apoyada en el costado del freno, mi corazón ha vuelto a pulsaciones mas o menos normales. Estoy en fase de remolque, esto si que lo tengo aprendido.

Me acuerdo de la primera vez que entre en el rebufo de la remolcadora con Iñaki y como me decía aquello de que "una abuela se queja menos que tu", la caja con Begoña y el sufrido Juanma mientras hacia el cafre tras la remolcadora. Incluso sonrió pensando que si se me rompiera el cable sabría que hacer tras la experiencia de "suelta de emergencia" con Begoña, espero que me perdone algún día tras gritarle aquello "pero ¿estas loca?, que nos vamos a matar"

Borja me conduce con suavidad y consigo llevar el velero mas o menos centrado tras la remolcadora, no he debido hacerlo tan mal en el despegue, no me han dicho nada o será que la radio no funciona. Las antenas de radio nacional de España me confirma que sí que funciona.

Un giro, otro mas y los quinientos metros, mi mano izquierda, esta vez si que le dejo, a la bola amarilla, un poco mas de altura, y Borja alabea. Tiro de la palanca y veo como el cable se destensa y la remolcadora gira y pica, giro hacia la izquierda y pulso el botón del micro "velero libre, gracias Borja", " buen vuelo Ignacio", "gracias Borja". Estoy en el aire, y por primera vez solo.

Un buen rato de tranquilidad, intento girar a térmica, que no se deja, será la hora o mi inexperiencia. Me quedo mas con lo primero. Recuerdo un día maravilloso con Begoña y un termicón en la fabrica de 5 metros, subir como en un ascensor hasta 1500 metros, el cambio de perspectiva, como dos barrios y cabañas parecen mas cerca que nunca, la búsqueda de cúmulos que tiran, los de cartón piedra, decididamente hoy no es mi día. Hagamos un trafico y hazlo bien que luego tienes que aterrizar.

Los minutos y los metros caen muy rápido, como suele ser habitual discurro por todas las descendencias, casi en la cabecera de la 11 decido entrar en viento en cola a 250 metros supongo que suficiente para aterrizar, si no, acabare con el avión entre las puertas de la fabrica.

"Ignacio Suárez, viento en cola, primer tercio", la voz de Begoña "recibido viento en cola", "pensaba que os habías ido a comer al manolo", "no, aquí seguimos" me responde Begoña

El camino de vuelta hacia la 29 como suele ser habitual, plagada de termiquillas de 1 metro que me ayuda a volver y me hace maldecir por no haberlas descubierto antes.

A la altura de la fabrica giro hacia base y notifico, vuelvo a girar y ya en final, recuerdo a Begoña en los dobles mando "cuándo llegues a tierra recoge, que parece que estas empeñado en desayunar tierra".

El freno funciona, la pista esta bastante quieta y no se empeña en moverse como a veces hace. Los metros caen, la pista de tierra se acerca, ya casi estoy, bien situado y en el lugar indicado, la pista de asfalto esta libre, puedo intentar subirme y aparcar. Por fin tierra, recojo y la toma es buena, o eso me parece, el freno funciona, automáticamente meto pie y consigo subir a asfalto, me deslizo y quedo aparcado casi delante del toldillo.

El avión se detiene, abro la cúpula y por fin me relajo, lo he conseguido, desabrocho los atalajes y veo como se acercan todos los que están en tierra, con Begoña a la cabeza, besos y abrazos, una sensación increíble, apretones de manos y una sonrisa en la cara que no se me quita en una semana. Ya esta, ya he volado solo.

Solo me queda dos cosas, agradecer de todas las formas imaginables a todos los que han tenido la paciencia de volar dobles mandos conmigo, empezando por Begoña, a la que le debo mi suelta y la seguridad necesaria para afrontarla, a Iñaki a Pedro a José Antonio, a José Manuel, a Borja y a Juanma por aguantarme los tirones tras la remolcadora y a todos con los que he coincidido en pista, ayudando y siendo ayudado. Por ultimo, sé que aun no me habéis tirado a la piscina, pero todo llegara.

Unas anotaciones unos días mas tarde, lo de la piscina ya esta solucionado, y mi teléfono móvil funciona correctamente tras el chapuzón. La vuelta a Madrid con los pantalones mojados solo podría haber sido mejorado con una parada de la guardia civil a la que tendría que explicar que estaba chorreando agua de cintura para abajo por tirarme a la piscina vestido después de  haber aterrizado con un avión sin motor tras sobrevolar una fabrica de puertas. Gracias a dios no hizo falta explicarlo.

pd. para envidia de otro alumno "suelto" yo si que he tenido el privilegio de dar dos besos a mi instructor@.