El reenganche
Por Antonio Fueyo piloto de vuelo a vela.

El reenganche o la diferencia entre un gusano y una serpiente.

Hace más de 25 años, allá por el año 1975, con mis 16 añitos recien cumplidos (el mínimo por aquel entonces), obtuve mi flamante C de vuelo sin motor en la Escuela de Monflorite. En los 3 veranos siguientes, estuve en cursos de perfeccionamiento, llegando a hacer la permanencia del "C de Plata" en el último de ellos y estrenándome en monoplaza.

Entonces vino el gran cambio: empecé a trabajar; y claro, las vacaciones no son para volar, son para olvidarse del trabajo y disfrutar de la familia. Y me casé. Y tuvimos 2 maravillosos hijos. Y como comían mucho, seguía trabajando mucho. Y, claro, las vacaciones no son para volar, son para olvidarse del trabajo y disfrutar de la familia.

Por entonces, me conformaba con ver películas de aviación, visitar museos, volar en cabina en reactores comerciales, probar diversos simuladores de PC, y hasta 1 paseo en ultraligero (en plan "Bautismo del Aire", pero pilotando yo un ratito en vuelo).

Pero en mi interior algo seguía vivo. Algo me recordaba aquellas sensaciones especiales e inolvidables del primer vuelo solo, de la permanencia conseguida, de las permanencias frustradas....

Y escuchando esa voz, decidí matar el gusanillo, y a través de internet y de unas llamadas, un domingo de julio de 2001 me planté en Somosierra a por un vuelo de divulgación. El día amenazaba lluvia (tormenta de verano). Pero aguantó lo suficiente como para volar. Y subir bajo unos cúmulos negros y chupones. Y planear junto a un aguila. Y disfrutar del VUELO (si, del VUELO, o vuelo sin motor). Y escuchar la voz de Guillermo en la cabina trasera "metiéndome caña", porque notaba que yo había sabido volar.

Y cuando tomamos tierra, sentí que en mi interior algo se movía y no, no estaba mareado: Era que en vez de matar el gusanillo, se me había despertado la serpiente. Me faltó tiempo el lunes para hacer todas las averiguaciones en Ocaña; a continuación, hacer el reconocimiento médico y sacar la tarjeta de alumno. Incluso antes de tenerla (no podía esperar esos 10 días), volé otra divulgación en Ocaña y volé con Pepe, al que, por cierto, pregunté:

- ¿Qué, cómo me ves?.
- Bien, hombre bien, algo oxidado, pero bien. Pero si estás pensando en  renovar la licencia, vete comprando un paquete de 10 vuelos.

Lo que, lejos de desmoralizarme, me animó.

Y aquí estoy ahora, tras volar con Iñaki y con Victor, con mi licencia renovada, volando casi todos los domingos, chequeandome para poder volar en cabina trasera, y con planes de hacer la distancia del "C de Plata" esta primavera. Y con el apoyo incondicional de mi mujer y mis dos hijos, que entienden lo que siento.

Si lees estas líneas, y te identificas con los primeros párrafos, sólo puedo decírte: ¡ánimo!, reenganchate. No te arrepentirás. Aún estás a tiempo.

Antonio Fueyo Rodríguez.