El día 24 de enero amanece en Madrid totalmente despejado y sin viento. Desde que me levanto intuyo que ese día volaré sólo por primera vez en un avión con motor.
Tengo
reservada la clase práctica a las doce horas. Al llegar a Ocaña
compruebo que el día está precioso para volar. La atmosfera
está totalmente limpia. Todo lo invade esa clara luminosidad de
los días de invierno.
A
pie de pista me encuentro a Pedro Berlinches que está dando unas
divulgaciones. El comentario es el mismo: "¡Vaya día bonito!".
Me
acerco a "operaciones" donde está José María Aguirre.
A pesar de tener casi treinta mil horas de vuelo, creo que es mejor persona
que piloto. Me dice que Cecilio Barberán, mi instructor, vendrá
en un momento cuando acabe los remolques. Desde luego, con ese apellido
solamente podría ser piloto.
Finalmente
me encuentro sentado en la TB-10. A mi lado está Cecilio. Hago la
inspección exterior, la inspección interior, la prueba de
motor...e fin, todo el procedimiento.
La
pista en servicio es la 29. Alineado el avión en pista, procedemos
a despegar. Tras dos "tomas y despegues", Cecilio me dice: "Bueno, Gregorio,
me voy a bajar del avión". Inevitablemente, el corazón te
late un poquito más deprisa. Le digo: "De acuerdo". Al llegar a
la plataforma, efectivamente se baja.
Es
la primera vez. Tengo que centrarme y hacerlo todo perfectamente. Repaso
la configuración del avión para despegue en voz alta: "Bomba
ON. Luces ON. Flaps TAKE OFF. Compensador: TAKE OFF. Depósito: MAS
LLENO...Permiso para entrar en pista y alinear obtenido. Calo el direccional
y hago una última y rápida comprobación. Como dice
el manual, lenta y progresivamente aplico gases. Siguo repitiendo en voz
alta: "Cincuenta nudos: Todo en verde. Sesenta nudos: libero presión
en los mandos. Setenta nudos: estoy en el aire. La única diferencia
que noto es la ausencia de las indicaciones de Cecilio. Como en un acto
reflejo, giro la cabeza y compruebo que, efectivamente, no está
en el avión.
A
cuatrocientos pies AGL, "limpio el avión": Bomba OFF. Luces OFF.
Flaps ARRIBA. Me indica Cecilio por radio que haga el tráfico por
el norte de Ocaña. Todo va muy deprisa. Soy una pieza más
del avión que procura cumplir su función con la mayor exactitud
posible. Ya estoy en viento en cola. Notifico y hago el pre-aterrizaje.
Tal y como lo he hecho tantas veces, viro base. Prosigo cumpliendo fielmente
todos los procedimientos. Ya estoy en final. Recuerdo sistemáticamente
las indicaciones que siempre me ha dado Cecilio: "Compensa el avión
a ochenta nudos. Un ojo en la velocidad y el otro en la pista. Usa los
pies...". Creo que la senda de planeo va bien. La pista se va acercando
poco a poco. Recogo y en unos segundos he aterrizado.
Oigo
a Pedro Berlinches por la radio: "Enhorabuena Gregorio. Ya sabemos quien
paga hoy las cervezas".
Por
previsión aeronaútica tenía una botella de cava enfriando
en la nevera del bar. Sobra decir que después de los vuelos nos
la bebimos.
Ayer
fue un día que no olvidaré. Quisiera dar las gracias a todos
los que compartieron con su amistad mi felicidad. Gracias a José
María Aguirre, a Cecilio, a Pedro, a Iñaqui, a Goyo, a Luis
"el de la oficina", a Raúl "el mejor mecánico", a Emilio
Palencia, mi instructor de vela...en fin, gracias a todos los de Ocaña
por tener ilusión en su trabajo y hacer posible que los no profesionales
descubramos la inefable sensación de volar.